Enciclopedia del Espíritu Santo

Por una conversión

Oración de san Francisco Javier por los que no conocen a Cristo

Oratio pro conversione infidelium

Dios eterno, creador de todas las cosas, acuérdate de que las almas de los que no tienen la fe también son obra tuya, hechas a tu imagen y semejanza. Mira, Señor, cómo el infierno se llena de ellas, para deshonra de tu nombre. Acuérdate de que Jesús, tu Hijo, sufrió la más atroz de las muertes por su salvación. No permitas, te lo ruego, que tu Hijo siga siendo despreciado. Déjate mover por las oraciones de tus santos y de la Iglesia, esposa de tu santísimo Hijo. Acuérdate de tu misericordia. Olvida su idolatría y su incredulidad, y haz que también ellos lleguen por fin a conocer al Señor Jesucristo a quien enviaste, que es nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección, por quien hemos sido salvados y liberados, y a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Pásalo

En latín

Ætérne rerum ómnium efféctor Deus, meménto abs te ánimas infidélium procreátas, eásque ad imáginem et similitúdinem tuam cónditas. Ecce, Dómine, in oppróbrium tuum his ipsis inférnus implétur. Meménto Iesum Fílium tuum pro illórum salúte atrocíssimam subiísse necem. Noli, quæso, Dómine, ultra permíttere ut Fílius tuus ab infidélibus contemnátur; sed précibus sanctórum virórum et Ecclésiæ, sanctíssimi Fílii tui sponsæ, placátus, recordáre misericórdiæ tuæ, et oblítus idololatríæ et infidelitátis eórum éffice ut ipsi quoque agnóscant aliquándo quem misísti Dóminum Iesum Christum, qui est salus, vita et resurréctio nostra, per quem salváti et liberáti sumus, cui sit glória per infiníta sǽcula sæculórum. Amen.

Cuándo se reza esta oración

La rezó el hombre que bautizó a más gente que nadie desde los Apóstoles, caminando por la India, las Molucas y Japón, y que murió en 1552 en una isla a la vista de una China en la que nunca le dejaron entrar. Es la oración de un misionero del siglo XVI y habla el vocabulario de su siglo — «infieles», «idolatría» — que aquí se deja en pie porque es suyo y no nuestro. Lo que de verdad le pide a Dios es que se acuerde de que también los hizo él. Pío IX le adjuntó una indulgencia de trescientos días por rescripto del 24 de mayo de 1847.

Reza también

Todas las oraciones