Enciclopedia del Espíritu Santo

Por una conversión

Oración a santa Mónica por un hijo o una hija

Santa Mónica, lo seguiste cruzando el mar. Lloraste por él en Cartago, lloraste por él en Roma y lloraste por él en Milán, y durante diecisiete años la única noticia fue que se había ido más lejos. Un obispo te dijo que dejaras de discutir con tu hijo y empezaras a hablar de él con Dios. Y te dijo que el hijo de tantas lágrimas no podía perderse. Exígemelo ahora a mí. Reza por N., a quien llevo encima y no alcanzo. Pídele a Dios que disponga lo que yo no sé disponer: el amigo, el libro, la enfermedad, la frase oída por casualidad en un jardín, el cansancio de pronto insoportable de una vida sin él. Enséñame tu paciencia, que nunca fue resignación. Enséñame a dejar de ganar discusiones y a seguir llorando. Guarda mi amor de convertirse en chantaje. Y cuando ocurra — porque va a ocurrir — déjame tan preparado como lo estabas tú, que viste a tu hijo bautizado por fin y ya no tenías nada más que pedir sino volver a casa. Amén.

Pásalo

Cuándo se reza esta oración

Por un hijo que ha dejado la fe, y por el padre o la madre que se ha quedado sin argumentos — que suele ser justo el momento en que la oración empieza a funcionar. Mónica rezó diecisiete años por Agustín; él llegó a ser obispo y Doctor de la Iglesia. Fue bautizado en la Pascua del 387 y ella murió aquel otoño en Ostia, en el viaje de vuelta, después de decirle que ya no tenía ninguna razón para quedarse.

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