Enciclopedia del Espíritu Santo

Meditación — una palabra sacada a suerte

Quédate aquí el tiempo que quieras

Se arrodilló y oró, y yo era la totalidad de aquella oración, levantándome en él del modo en que siempre me levanto en un hombre que ha dejado de intentar obrar un milagro y ha empezado simplemente a pedirlo.

Pedro hizo salir a todas de la habitación. Yo le enseñé eso, del mismo modo en que se lo enseñé una vez al propio Señor, junto al lecho de otra niña muerta en Galilea: vaciar una habitación de su ruido antes de llenarla de poder, porque la fe necesita a su alrededor un silencio que las multitudes no pueden proporcionar. Se arrodilló y oró, y yo era la totalidad de aquella oración, levantándome en él del modo en que siempre me levanto en un hombre que ha dejado de intentar obrar un milagro y ha empezado simplemente a pedirlo. Entonces se volvió hacia el cuerpo y dijo: Tabita, levántate. Dos palabras en el arameo que él mismo había oído una vez de una boca mayor que la suya, sobre otra niña muerta, cuando el Señor había dicho: niña, levántate, y no creo que fuera casualidad que yo diera a Pedro, aquel día, casi el mismísimo sonido de la voz de su Maestro, porque lo había aprendido del único Maestro que jamás resucitó a los muertos por derecho propio y no por poder prestado.

DePedro Resucita a TabitaLeer la maravilla entera

Siéntate. Deja el móvil boca abajo sobre la mesa, si puedes.

Abajo hay una frase, sacada a suerte en este momento entre todas las maravillas escritas en estas páginas. No la ha elegido una persona, ni un algoritmo que sepa nada de ti. Recíbela tal como viene.

Respira con el círculo. Lee la frase cuatro o cinco veces, despacio, hasta que una palabra destaque — y quédate en esa palabra. Ese es todo el método. Tiene mil quinientos años y no hay nada más en él.

Si nunca has hecho esto

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    Lee la frase una vez, en voz alta si estás solo.

  2. 2

    Respira con el círculo cuatro ciclos, sin leer nada.

  3. 3

    Léela otra vez y fíjate en qué palabra no te suelta.

  4. 4

    Dile esa palabra a Dios, sola, como sea que le hables.

  5. 5

    Quédate en el silencio que viene después. Ese silencio es lo importante; las palabras solo eran la puerta.