El Magníficat
Magnificat
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí, y su nombre es santo. Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. Amén.
En latín
Magníficat ánima mea Dóminum, et exsultávit spíritus meus in Deo salutári meo, quia respéxit humilitátem ancíllæ suæ. Ecce enim ex hoc beátam me dicent omnes generatiónes, quia fecit mihi magna qui potens est, et sanctum nomen eius.
Cuándo se reza esta oración
Cada tarde en Vísperas, en todos los monasterios de la tierra, sin un solo día de interrupción desde hace dieciséis siglos. Son las palabras de María a Isabel (Lc 1,46-55) — y el canto más revolucionario que nadie haya cantado jamás.