Salmo 91 — Tú que habitas al amparo del Altísimo
Qui habitat (Ps 90/91)
Tú que habitas al amparo del Altísimo y vives a la sombra del Omnipotente, di al Señor: Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, en quien confío. Él te librará de la red del cazador y de la peste que destruye. Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas hallarás refugio; su fidelidad es escudo y armadura. No temerás el espanto nocturno, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que se desliza en las tinieblas, ni la epidemia que devasta a mediodía. Caerán a tu izquierda mil, diez mil a tu derecha: a ti no te alcanzará. Bastará que abras los ojos para ver la paga de los malvados. Porque hiciste del Señor tu refugio, del Altísimo tu morada, no se te acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda. Porque ha dado órdenes a sus ángeles para que te guarden en tus caminos. Te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra. Caminarás sobre leones y víboras, pisotearás al león y al dragón. Porque se abrazó a Mí, lo libraré; lo protegeré, porque conoce mi nombre. Cuando me llame, le responderé: Estoy contigo. Lo salvaré en la angustia y lo cubriré de gloria. Lo saciaré de largos días y le haré ver mi salvación.
Cuándo se reza esta oración
En Completas cada domingo por la noche, sobre la casa de noche, en las epidemias, en la guerra y en los exorcismos. Es también el salmo que el demonio citó en el desierto (Mt 4,6) — lo que ya dice cuánto le cuesta.