Enciclopedia del Espíritu Santo

A Nuestra Señora

María, la que desata los nudos

Santa María, llena de la presencia de Dios, aceptaste con humildad la voluntad del Padre y aplastaste la cabeza del enemigo. Hoy has entrado en mi vida. Estos son los nudos que no puedo desatar: las palabras que no puedo retirar, la persona a quien no logro perdonar, el miedo que no sé nombrar. Madre, tómalos en tus manos. Desátalos, uno a uno, con la paciencia de una madre que desata un hilo que no enredó ella. Nadie, ni siquiera el maligno, puede quitártelos. Madre mía, que desatas los nudos, ruega por mí. Amén.

Cuándo se reza esta oración

Para una situación atascada desde hace años — un matrimonio, un pleito familiar, un juicio, una adicción. La devoción viene de un cuadro de Augsburgo y la llevó a América Latina un jesuita joven llamado Jorge Bergoglio.

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